Convivir con la ansiedad en tiempos de pandemia: «Pensé en quitarme la vida»

La joven Gemma Faes ya había conseguido controlar esta enfermedad mental, pero la crisis sanitaria hizo que se sintiera de nuevo desbordada y desarrollar tanatofobia

La crisis sanitaria ha puesto al límite a Gemma Faes, quien desde hace unos años sufre ansiedad
La crisis sanitaria ha puesto al límite a Gemma Faes, quien desde hace unos años sufre ansiedad

Redacción

Convivir con la ansiedad resulta complicado y, además, si a esto le sumas la incertidumbre generada durante más de un año por la pandemia actual hace que las personas que la padecen ya se sienten sobrepasadas. «No saber cuándo va a acabar esta crisis sanitaria, de qué manera me puede afectar a mí y a los míos, si se van a contagiar o no, ver que todas las responsabilidades nos las mantienen y que no hay espacios seguros… me ha provocado un colapso mental», reconoce Gemma Faes, quien desde hace más de un año tiene diagnosticado este trastorno. Además, indica que, si ya es duro para una persona sana, para un individuo enfermo «por desgracia, puede ser mortal».

Durante el confinamiento esta allerana de 26 años no vio mermada su salud mental porque ya llevaba un tiempo viviendo con un estilo de vida similar. «Por aquel entonces, estaba mal. No me apetecía hacer nada. Solo me dedicaba a mis obligaciones: trabajar y estudiar y, también, a salir a comprar y pasear los perros», cuenta. Sin embargo, el problema se acentuó con el paso de los meses, a pesar de mantener las mismas responsabilidades. «El ver que realmente no avanzamos porque un día nos dicen que disminuyen los casos y las muertes, pero al día siguiente repuntan, ese bombardeo de noticias y no tener tiempo para desconectar me está perjudicando muchísimo».

Faes había conseguido controlar la ansiedad, hasta el punto de encontrarse muy bien. «Me había recuperado de esa época oscura por la que yo estaba pasando. No me afectaba de la misma forma que me afectaba hace dos años». Había descubierto que su mejor terapia era hacer cosas que la acercasen a sí misma. «Para despejar la mente me ayuda la mínima cosa, hasta limpiar en casa», reconoce entre risas. También le sirve el no tener una lista de tareas que hacer. «Yo era una adicta de las agendas, aunque ahora lo sigo haciendo, pero la forma no era la adecuada. Me sobrecargaba y me colapsaba porque si no cumplían mis objetivos diarios me agobiaba», cuenta. Al mismo tiempo, aprendió a restar importancia a aquellas cosas que le absorbían y a valorar lo que realmente le hacían sentirse distraída como, por ejemplo, leer, escuchar música, pasear, etc.

Sin embargo, la crisis sanitaria y las consiguientes restricciones hizo que se sintiera de nuevo desbordada. «Necesito volver a mi rutina y a todo lo que hacía para controlar mi trastorno mental. Retomar esas cosas que quité de mi vida para centrarme más en mí misma, para dar un poco de paz y calma a la mente. Veo que necesito recurrir a ello porque con todo lo que estamos pasando, aunque no tenga verdaderas razones de estrés, vuelvo a sentir la ansiedad fuerte, con dolores en el pecho, en el costado… y tengo que ir mitigándolo poco a poco. Porque la ansiedad realmente duele», resalta.

La pandemia la hizo recaer hasta el punto de llevarla al límite. «Pensé incluso en quitarme la vida. Me decía ‘Si vamos a estar siempre así, yo no quiero vivir’». Tal era la preocupación que tenía que llegó a generar una fobia -algo muy habitual en las personas que padecen ansiedad-, en su caso a morirse -tanatofobia­-. «Me dolía una pestaña y ya buscaba en Internet algún diagnóstico porque ya pensaba que tenía alguna enfermedad que me iba a matar. Tenía miedo a que me diese un infarto o un trombo pulmonar. Una sensación parecida a cuando me dio mi primer ataque de pánico», indica.

Además, la imposibilidad de acudir al médico de formar regular como en una situación normal agravó aún más ese temor. «Era horrible porque me estaba obsesionando, sobrepensaba todo el rato sobre el coronavirus y todo en lo que deriva la enfermedad. Asimismo, apenas tenía un apoyo psicológico verdadero por parte de la sanidad pública porque en realidad no lo hay. Yo pedí mil veces pedir para ir a salud mental y nunca me citaron, me medicaron», reconoce cabreada. 

En esa misma línea, señala que no todos los bolsillos pueden permitirse pagar un especialista con la frecuencia con la que de verdad se necesita. Sin embargo, consiguió superar ese miedo a morirse. «Estoy muy orgullosa porque mi trabajó me costó, pero durante ese tiempo lo pasé extremadamente mal, ya que ahora mismo estamos conviviendo con un virus que mata. Hay mucha gente que aún mantiene esa fobia y no me quiero imaginar cómo lo están pasando porque todo esto realmente no ayuda», resalta.

Al mismo tiempo, explica que una crisis de ansiedad no se puede prevenir. «La diferencia está en que fluya y pase o interiorizarla tanto y estar tan expectante a lo que te está ocurriendo que te encuentres mal no, lo siguiente. Es una situación horrible que te puede desembocar en ataques de pánico». En su caso, prefiere pasarla sola porque «es un problema mío, que quiero solucionar yo y estar con alguien, me agobia en esos momentos». Asimismo, resalta que odia cuando la gente le dice «relájate un poco que no pasa nada» o «no te preocupes tanto», ya que «esas típicas frases no ayudan para nada. Es algo que hay que eliminar del vocabulario cuando alguien te dice que está sufriendo un ataque de ansiedad o de pánico», advierte.

Además, Faes considera que hablar con las personas de lo que le ocurre y dar visibilidad a la ansiedad le viene bien.  Algo que considera fundamental, puesto que hay que normalizar la enfermedad. También, estudiar este trastorno mental también le ayudó porque ahora lo comprende y conoce cómo funciona. Por eso, sabe muy bien que «la ansiedad no hay que prevenirla ni luchar con ella sino saber que la tienes como si fuese una marca de nacimiento. No hay que darle verdaderamente importancia porque hay que continuar con la vida», sentencia.

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