Convivir con la ansiedad en tiempos de pandemia: «Pensé en quitarme la vida»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

La crisis sanitaria ha puesto al límite a Gemma Faes, quien desde hace unos años sufre ansiedad
La crisis sanitaria ha puesto al límite a Gemma Faes, quien desde hace unos años sufre ansiedad

La joven Gemma Faes ya había conseguido controlar esta enfermedad mental, pero la crisis sanitaria hizo que se sintiera de nuevo desbordada y desarrollar tanatofobia

27 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Convivir con la ansiedad resulta complicado y, además, si a esto le sumas la incertidumbre generada durante más de un año por la pandemia actual hace que las personas que la padecen ya se sienten sobrepasadas. «No saber cuándo va a acabar esta crisis sanitaria, de qué manera me puede afectar a mí y a los míos, si se van a contagiar o no, ver que todas las responsabilidades nos las mantienen y que no hay espacios seguros… me ha provocado un colapso mental», reconoce Gemma Faes, quien desde hace más de un año tiene diagnosticado este trastorno. Además, indica que, si ya es duro para una persona sana, para un individuo enfermo «por desgracia, puede ser mortal».

Durante el confinamiento esta allerana de 26 años no vio mermada su salud mental porque ya llevaba un tiempo viviendo con un estilo de vida similar. «Por aquel entonces, estaba mal. No me apetecía hacer nada. Solo me dedicaba a mis obligaciones: trabajar y estudiar y, también, a salir a comprar y pasear los perros», cuenta. Sin embargo, el problema se acentuó con el paso de los meses, a pesar de mantener las mismas responsabilidades. «El ver que realmente no avanzamos porque un día nos dicen que disminuyen los casos y las muertes, pero al día siguiente repuntan, ese bombardeo de noticias y no tener tiempo para desconectar me está perjudicando muchísimo».

Faes había conseguido controlar la ansiedad, hasta el punto de encontrarse muy bien. «Me había recuperado de esa época oscura por la que yo estaba pasando. No me afectaba de la misma forma que me afectaba hace dos años». Había descubierto que su mejor terapia era hacer cosas que la acercasen a sí misma. «Para despejar la mente me ayuda la mínima cosa, hasta limpiar en casa», reconoce entre risas. También le sirve el no tener una lista de tareas que hacer. «Yo era una adicta de las agendas, aunque ahora lo sigo haciendo, pero la forma no era la adecuada. Me sobrecargaba y me colapsaba porque si no cumplían mis objetivos diarios me agobiaba», cuenta. Al mismo tiempo, aprendió a restar importancia a aquellas cosas que le absorbían y a valorar lo que realmente le hacían sentirse distraída como, por ejemplo, leer, escuchar música, pasear, etc.