Un Oviedo invisible

Análisis de la segunda etapa de Sergio Egea como entrenador carbayón

Egea da una charla a su plantilla sobre el césped del Carlos Tartiere
Egea da una charla a su plantilla sobre el césped del Carlos Tartiere

Oviedo

La vuelta de Sergio Egea el pasado mes de abril fue una decisión lógica. El Real Oviedo acababa de despedir a Juan Antonio Anquela, un entrenador que llegó por unanimidad y que, habiendo recibido críticas deportivas, tras su marcha seguía teniendo el respeto y el cariño del oviedismo. El club azul necesitaba una figura de consenso, un hombre de Carso que liderara una tranquila transición hasta el verano. Y eso era el argentino. 

Si bien el fútbol no acompañó y Egea finalizó la temporada con un balance de tres victorias, un empate y tres derrotas, el club tuvo lo que quería: un desenlace relativamente tranquilo en el que, salvo ciertos minutos del encuentro ante el Rayo Majadahonda, no se vivió un ambiente tenso. Pero llegó junio.

No sabemos si Sergio Egea era el hombre de la dirección deportiva, pero sí el de Arturo Elías. El argentino fue el elegido para liderar un nuevo proyecto justo el verano en el que más falta hacía la mano de un entrenador. En cuatro temporadas en la categoría, y a excepción de unos meses con Juan Antonio Anquela al mando, el Oviedo nunca tuvo un cuerpo técnico que lograse sacar a relucir la mejor versión de su plantilla. Y lo necesitaba con urgencia. 

Egea comenzó la pretemporada hablando de 4-4-2, de un equipo que llegara por los costados y pusiera balones para que un delantero rematador los convirtiera en gol. Ese discurso, siempre acompañado de las palabras «valiente» y «ofensivo», era lo que repetía continuamente el argentino. La cuestión era saber cómo el Oviedo iba a convertirse en ese equipo, algo que nunca estuvo del todo claro viendo el día a día del equipo en El Requexón.

El fútbol arrancó en agosto y en tan solo cuatro jornadas la Segunda División puso en su sitio al Real Oviedo. Esta categoría, que en los últimos años ha demostrado una y mil veces que una gran plantilla no puede llegar a ser un buen equipo si no hay trabajo detrás, dejó en cueros al conjunto carbayón. 

Cuatro jornadas en las que no se ha visto nada sobre el césped. Ni un patrón de juego a lo que agarrarse si tus mejores individualidades, como está siendo el caso, no atraviesan un buen momento. Ningún equipo, a nivel de salidas y llegadas, tuvo una pretemporada tan tranquila como el Real Oviedo. Juanjo Nieto, Ortuño (6 de agosto ambos) y Toché (19 de julio) fueron las últimas variaciones que sufrió el técnico argentino. Muchas semanas, muchos entrenamientos para perfilar lo que debería ser el nuevo Oviedo.

El conjunto azul es ahora un equipo perdido, desesperado. Los cinco expulsados en cuatro jornadas, dos más que en las 42 del curso pasado, solo son otro ejemplo. Los números condenan y ponen punto y final a la segunda etapa de Sergio Egea en el Carlos Tartiere, pero las sensaciones duelen más que ese punto conseguido de quince posibles. 

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