La Pizarra: Los registros del Oviedo

Analizamos en cinco claves la victoria de los azules en el derbi asturiano

José Ángel Ziganda, técnico del Real Oviedo
José Ángel Ziganda, técnico del Real Oviedo

Oviedo

Al margen de burdos debates sobre cómo se debe celebrar el ganar un derbi, Edgar y Tejera acabaron en el suelo cuando Milla Alvendiz señaló el final del encuentro porque el Real Oviedo necesitaba la victoria. Si era ante el eterno rival mejor, claro, pero lo importante era sumar esos tres puntos imprescindibles para que arranque cualquier proyecto. Los azules dibujaron un escenario desconocido hasta ese momento para el Sporting de David Gallego y, lógicamente, los rojiblancos tuvieron problemas. El Cuco Ziganda no celebró el 1-0 cuando Tejera batió a Mariño, celebró la victoria.

Morder cuando se debe

No se había cumplido ni el primer minuto de partido y José Ángel Ziganda, tras una conducción peligrosa de Manu García que acabó en un disparo desde la frontal, ya había dejado claro que no quería que el Real Oviedo se pareciese a lo que había demostrado jornadas anteriores. Los azules, atrevidos a la hora de juntar líneas y ganar metros desde comienzos de curso, bajaron el pistón y decidieron complicarle el partido al Sporting.

Mucho balón largo de Femenías, desplazamientos en diagonal de Grippo y, en definitiva, pocos riesgos en los inicios del juego. La presión tras pérdida sí seguía siendo agresiva, pero cuando el Sporting encontraba el pase de seguridad los azules esperaban. A diferencia de otros encuentros, Edgar, Tejera y los extremos no saltaban, tapaban pase interior y se mantenían cerca de la línea defensiva. El bloque medio-bajo exigió al equipo de Gallego una fluidez en la circulación que, de momento, no tiene. Y así se desarrolló el encuentro.

El vals del Tiburón

Bastaron unas cuantas acciones para comprobar que sí, que Gustavo Blanco Leschuk es el delantero que necesitaba este Real Oviedo. El argentino se movió a la perfección por todo el frente de ataque, encontrando en el sector izquierdo su mejor guarida. En ese rincón, actuando de pívot a merced de Nahuel, Mossa, Tejera y Sangalli, el ariete cedido por el Antalyaspor asentó la posesión azul y potenció las apariciones de sus compañeros.

Destino único de todos los golpeos en largo de Femenías y Grippo, 'El Tiburón' se imponía en el juego aéreo, utilizaba su envergadura para proteger el balón y encontraba a un compañero de azul. Además, leyó a la perfección el espacio entre Bogdan y Babin y lo atacó, tirando desmarques de ruptura y dando espacio a las arrancadas de Nahuel, mucho más amenazante de cara a puerta que Viti. Solo le faltó un gol que acarició con un tiro desde la frontal. Le faltan minutos de competición, claro, pero el debut fue lo suficientemente bueno para que a Ziganda se le pusiesen los dientes largos.

El lado débil del Sporting

Lejos quedan aquellos tiempos en los que la banda izquierda del Real Oviedo, liderada por Saúl Berjón y su fiel escudero Mossa, era una de las armas ofensivas más desequilibrantes de la categoría. El domingo, ya sin el atacante ovetense y con un Mossa diferente, dicho flanco izquierdo volvió a ser el problema más evidente del rival de los azules. El ataque azul, con las ideas claras pero sin mordiente en anteriores jornadas, ganó colmillo con la presencia de Leschuk y, no menos importante, Nahuel Leiva.

Al rosarino también le faltan partidos, pero está fresco y con un punto interesante de potencia. Ha aterrizado de pie en Oviedo y Ziganda quiere aprovecharlo. Nahuel (ojo a su trabajo sin balón) encaró siempre que pudo a Bogdan y amenazó por dentro, pero también fue agresivo al espacio. Mossa, que leyó a la perfección la situación, estuvo preciso en los pases largos y así nació la jugada del penalti. Pena máxima cometida a Sangalli, claro, que recordando a aquel Aarón Ñíguez de la primera época de Anquela partía de la derecha, pero aparecía continuamente en la izquierda.

Un ajuste para evitar sustos

Volvamos al primer minuto del encuentro. Manu García se aprovecha de una presión descompensada y, gracias a un control magnífico y una conducción precisa, se planta en la frontal del área. No fue la única vez que el ovetense amenazó en transición. El Sporting aprovechaba cualquier cosa, sea un error del Oviedo en el pase, un despeje de los defensas rojiblancos o un balón suelto tras una disputa aérea. Lo que fuese para poder correr. Así llegaron las situaciones más peligrosas cerca de Femenías.

Aitor García y Cumic comenzaron el encuentro haciendo dudar a los laterales carbayones, pero su poca incidencia en el juego les fue pasando factura. Djuka, encimado constantemente por Christian, tampoco estaba. Y Manu García se quedó solo. Estaba de dulce, pero nadie lo aprovechaba. Ya tras el descanso, con 1-0 en el marcador, el Oviedo ajustó y Ziganda no le pasó ni una a García. La estrella del Sporting paso de liderar el [estéril] juego posicional rojiblanco a, directamente, no aparecer. Edgar elevó la intensidad del marcaje y sus compañeros la de las ayudas, todas las acciones del atacante rojiblanco se ensuciaron. No se supo más del '19'.

El muro central y el comodín Javi Mier

El Oviedo se movía cual acordeón. El Sporting buscaba la grieta de un lado a otro, pero no la encontraba. Edgar y Tejera, inteligentes con balón en el primer tiempo y sublimes sin él tras el descanso, dirigían la función. Qué partido de Tejera. Los de David Gallego, conscientes de que por dentro iba a ser imposible, comenzaron a recurrir a los centros laterales. Pero Grippo y Christian dijeron no. Hasta seis balones sacaron los centrales azules del corazón del área. Solo uno se convirtió en situación de peligro, pero Tejera le robó la cartera a Manu García. Femenías no tuvo que ir al suelo porque, directamente, no había remate rojiblanco. 

Mientras tanto, el Oviedo se instalaba de vez en cuando en campo rival gracias al juego de espaldas de Blanco Leschuk. Obeng, que amenazo un par de vez al espacio, también hizo sudar a la zaga del Sporting. Ziganda detectó que la punta de lanza en la presión se estaba debilitando y encontró la energía que necesitaba en Javi Mier. El canterano, perro de presa favorito del Cuco, aportó dinamismo al acordeón azul y puso más trabas si cabe al trabajo de Pedro Díaz, encargado en el segundo tiempo de iniciar el ataque rojiblanco. 

Gallego lo intentó, sacó a Nacho Méndez y lo puso a liderar la primera línea, pero tampoco resultó. Los ataques del Sporting acaban en un centro lateral repelido por la defensa carbayona o, directamente, no acababan. El arreón final, más teórico que práctico, acabó sin que Femenías tuviese que sudar bajo la línea de gol. Y el partido acabó. Una victoria poderosa en cuanto al simbolismo, pero también vital para el futuro del Oviedo de Ziganda. La confianza, que la suele otorgar el ganar, es clave para cualquier proyecto, porque las derrotas acaban hasta con los mejores propósitos. 

Comentarios

La Pizarra: Los registros del Oviedo