Chorizo, pizza y patatas fritas: no solo los dulces contienen azúcar

Yandry Fernández Perdomo / L. G. V.

COCINA SALUDABLE

La mayoría de los españoles agotan el límite de consumo de azúcar recomendado por la OMS en el desayuno

29 jul 2022 . Actualizado a las 08:36 h.

Las evidencias científicas asocian el azúcar a la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardíacas. Por este motivo, la OMS recomienda una ingesta de azúcares libres de menos del 10 % de la ingesta calórica total; es decir, menos de 25 gramos diarios (el equivalente a seis terrones de azúcar).  

«Si desayunamos unas tostadas de pan industrial, con jamón queso, café, una cucharadita de azúcar y un zumo de naranja, sobrepasaremos los 25 gramos recomendados del edulcorante porque este tipo de productos ya lo contienen en altas dosis», afirma Ana López Caldera, nutricionista de A Coruña.

De este modo, se entiende que en términos generales, existe una adicción al azúcar. Los últimos datos de la Sociedad Española de Obesidad también dictan que más de la mitad de la población española tiene sobrepeso y  un 17 % —ocho millones de personas— es obesa. Lideran este ránking Galicia y Andalucía.

«El adicto —añade la experta— necesita consumir azúcar constantemente, porque una vez se produce en el organismo ese subidón de glucosa, como es de absorción rápida, enseguida baja la glucosa en sangre y las personas vuelven a sentirse cansadas e irritadas, y es ahí cuando necesitan otra vez otra una dosis de azúcar».

Pero este endulzante está en muchísimos alimentos y probablemente lo consumamos más de la cuenta sin tan siquiera darnos cuenta. El kétchup y la mayoría de salsas de tomate, las patatas fritas y demás snacks salados, el pan industrial, las pizzas y lasañas precocinadas o incluso el café torrefacto y los embutidos que compramos en el supermercado, llevan azúcar en mayor o menor medida. Muchas veces se añade para darles textura y color a los productos horneados, también porque ayuda a su conservación, impulsa la fermentación y equilibra la acidez de los platos con vinagre o tomate.

Alimentos inimaginables como los sándwiches de pavo o pollo se les añade azúcar para potenciar su sabor. Lo mismo pasa con algunas elaboraciones de panes y galletitas saladas que se preparan con fermentaciones muy rápidas y contienen este ingrediente para prolongar su tiempo de conservación. Los lácteos tampoco escapan, y es que los yogures de frutas suelen tenerlo. Igualmente, el tomate frito en muchas ocasiones conlleva azúcares para disminuir su acidez. Hasta las barritas de cereales, aunque las promocionan como saludables, se les incorpora un poco de dulzor para hacerlas más sabrosas. 

El proyecto de fotógrafos sinAzucar.org, visualiza la presencia de este ingrediente en muchos de los alimentos que consumimos en el día a día, ya que las imágenes clarifican mejor el impacto de este ingrediente en la industria alimentaria.

Además, la industria alimentaria suele utilizar estrategias de márketing que camuflan este contenido en azúcar, a sabiendas de que «a los consumidores cada vez les genera más rechazo», comenta la experta. Según explica la especialista estos son los nombres empleados:

  • Sacarosa 
  • Jarabe 
  • Fructosa 
  • Galactosa
  • Glucosa 
  • Dextrosa 
  • Sirope
  • Concentrado de zumo
  • Dextrano
  • Almíbar 
  • Jarabe
  • Néctar
  • Melaza
  • Jugo de caña
  • Panela
  • Miel
  • Refinados
  • Caramelo 
  • Cebada de malta 

También recomienda que para buscar formas saludables de alimentación es imprescindible la correcta lectura de las etiquetas en los productos del súper y comprar aquellos que contengan en menor medida el ingrediente, para así reducir poco a poco el consumo y disminuir la necesidad del dulzor. 

«Es fundamental educar el paladar y mucha fuerza de voluntad. Al principio tienes que obligarte a no comer productos con mucha frecuencia y después poco a poco el paladar se acostumbra a las frutas y otro tipo de alimentos más saludables. Recomiendo siempre comer lo más natural posible y utilizar la materia prima en vez de ultraprocesados», enfatiza López Caldera. 

El azúcar vive su momento más amargo

Laura G. del Valle

Boicot. Este fue el término que eludió pronunciar el pasado martes Javier Pagés, presidente de la Denominación de Origen Cava, para referirse a la disminución de ventas que sufrió el producto catalán a finales del 2017. El mismo que evita, por razones bien distintas, la industria azucarera cuando hace balance de la situación global de esta commodity. Pero que bien podría apropiarse porque, tras años intentando escapar de calificativos como peligroso, enemigo o incluso mortal, (en los setenta la Sugar Research Foundation pagó a nutricionistas de Harvard para publicar una investigación que dejase en buen lugar a a este edulcorante y señalase a las grasas saturadas como culpables de las enfermedades cardíacas), la cruzada emprendida por dietistas y médicos contra el azúcar comienza a dar sus frutos. Eso sí, por el camino deja un reguero de víctimas: productores, distribuidores y comerciantes. Los precios no remontan, los gobiernos tensan la cuerda y las marcas se comprometen, en cadena, a reducir las dosis de dulce añadido en sus productos. ¿Es esta la crisis definitiva de uno de los alimentos más estables de la historia? Los datos no son halagüeños.

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