Los insectos conquistan la nevera

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Los bichos empiezan a ganar cuota de mercado en Europa impulsados por la conciencia medioambiental y las voces expertas que prometen un producto de gran valor nutricional

28 jul 2021 . Actualizado a las 09:47 h.

La próxima (e inminente) revolución alimentaria es pequeña y no acaba de convencer a muchos comensales. Pero puede convertirse en la salvación que requiere la creciente población del mundo. Gusanos, grillos o escorpiones empiezan ya a copar un hueco importante en las despensas patrias. Y los expertos llevan ya un tiempo advirtiendo: su futuro es creciente y necesario. Desde hace un tiempo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lleva advirtiendo a los gobiernos de todo el mundo que la situación actual es insostenible. En el 2050, la necesidad de alimentos aumentará un 70 % y no hay más que echar un vistazo a lo que nos rodea para descubrir que nuestra forma de consumo vive un momento crítico. Los recursos de agua, suelo y pescado salvaje disminuyen poco a poco y es necesario buscar nuevas formas de alimentarse. Y aquí es donde entran en juego los insectos. Dicen los expertos que actualmente existen un millón de especies de insectos, que representan el 80 % del reino animal. Y de todos ellos, casi 2.000 ya son consumidas a día de hoy por millones de personas en todo el mundo. Son muchos los estómagos que han caído rendidos ante esta delicia. Otros todavía siguen mirándolos con cierto asco. Pero los duchos en la materia aseguran que los insectos, gracias a sus efectos nutritivos, se pueden convertir también en un instrumento para combatir el cambio climático y transitar hacia un sistema alimentario mucho más sostenible.

Según las expertas Anna Bach, profesora del Área de Nutrición de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la doctoranda Marta Ros, las especies de insectos son consideradas de origen animal, como la carne, el pez y los huevos, y proporcionan proteínas grasas y nutrientes muy valiosos: «Aun así, solo se han utilizado algunas especies de insectos para el consumo, si bien en algunos países, como los asiáticos, el consumo de insectos es un comportamiento dietético con una larga historia; en China, por ejemplo, su consumo se remonta a 2.000 años atrás», asegura Ros. Pero no solo en esta potencia asiática se llenan los platos con gusanos o grillos. Porque en otros lugares de África, Sudamérica, México o Australia también se sientan a la mesa a degustar este tipo de viandas.

Defiende Ros que esto de comer gusanos o escorpiones tiene otros valores añadidos y entre ellos destaca la reducción de la contaminación, una disminución en la emisión de los gases de efecto invernadero y un requerimiento inferior de agua: «La cría de insectos para el consumo humano deja una huella ecológica menor, sobre todo en comparación con la ganadería convencional». Pero, admite, queda mucho camino por hacer. Porque la realidad es que para que estos animales aterricen en las cocinas occidentales de manera definitiva todavía tienen que salvar el obstáculo de la aceptabilidad y el de la seguridad alimentaria.