Agolpados en los pasillos y tiritando para hacer los exámenes en la Universidad

Los estudiantes de la Universidad de Oviedo protestan por la realización de las pruebas de manera presencial: «No les importamos absolutamente nada»

Los pasillos de la facultad esta mañana
Los pasillos de la facultad esta mañana

Redacción

Tiritando, guardando la distancia de seguridad «a ojo» y con la mascarilla puesta. Así realizan los exámenes los estudiantes de la Universidad de Oviedo. «Las condiciones son malas. En mi caso, fue en un aula del Campus del Milán y solo éramos dos, pero sé que compañeros tienen exámenes en polideportivos. El principal problema que he sufrido es el frio. Teníamos las ventanas y puertas abiertas y a pesar de estar la calefacción encendida y estar lo más próximos a los radiadores pasamos mucho frio. Nos frotábamos las manos para calentarnos, pero esto implicaba dejar de escribir y perder tiempo de examen», asegura Silvia Férnandez, estudiante de Historia.

En esta misma línea, el estudiante de Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Alberto Osorio, argumenta que «es una auténtica vergüenza. Pasamos mucho frío, parecía Groenlandia. Los que tuvieron que sentarse al lado de las ventanas estaban tiritando. Además, aunque en las aulas se garanticen las medidas, hay un gran riesgo de contagio porque hay mucha gente en los pasillos. No entiendo porque solo son los exámenes presenciales, ya que con las clases online te enteras de bien poco. No aprendes casi nada».

El periodo de pruebas ha arrancado en medio de una gran crispación social. Los alumnos no entienden por qué se apuesta por la presencialidad, ya que esta deriva en aglomeraciones y en no respetar las medidas sanitarias. «No les importamos absolutamente nada. Nos están invitando a que nos quedemos en casa y limitemos la vida social y quieren que acudamos a una clase cerrada con 30 personas. Es totalmente indignante», asegura Victoria Asensio.

Aunque desde la propia Institución académica aseguraban que acudir al centro no iba a suponer ningún riesgo, en la práctica parece ser que no es así. «Hice el examen prácticamente rodeado de gente y la distancia variaba entre los 30 centímetros y el metro. Solo había un profesor en la sala, que apenas se preocupó de que se cumpliesen las medidas. Es un profesor mayor y tampoco le culpo porque es responsabilidad de la Universidad garantizar que se cumplan y no solo de cada docente. Había un gel en la entrada, pero prácticamente nadie se lo echo. Además, fuimos los propios alumnos quienes nos repartimos los folios, por lo que el tema higiénico quedaba en el aire. Asimismo, tampoco hubo mucha ventilación, algo que por una parte se agradece ya que con el frio nos costaba escribir», afirma Gregorio Colao.

Este estudiante de Derecho asegura que «obviamente, también hay responsabilidad individual y es muy difícil, pero si la Universidad quiere apostar por la presencialidad debe tener criterios mucho más rigurosos y hacer grupos reducidos». En su caso, dado que vive en Pola de Siero y se desplaza en autobús, llegó antes de la hora del examen. «No quería estar fuera al frio y subí a las mesas que hay por los pasillos. Una conserje me llamó la atención y lo entendí perfectamente, aunque estaba solo y no había ningún problema. Solo podía ir a la cafetería, donde no se respeta ninguna medida como, por ejemplo, de control de aforo. Ahí puede estar todo el mundo, pero, en cambio, en unos pasillos donde se puede mantener la distancia no. Es complicado pero si hubiese habido más clases y horarios para hacer los exámenes no se hubiesen dado estas circunstancias de aglomeraciones de gente para entrar a hacer el examen», sentencia Colao.

Una opinión que también comparte, Alex Tuñón, ya que considera que el principal problema de los exámenes ha estado en la distancia interpersonal. «No se ha tomado ninguna medida especial con respecto a lo que sería un examen normal. Nos han puesto una sola silla de separación entre alumnos, prácticamente podía ver el examen de la compañera de al lado. Me parece que la universidad no está preparada para hacer exámenes en estas condiciones, y dentro de lo malo en mi facultad no se ha hecho tan mal como en otras, pero sigue sin haber garantías sanitarias», reconoce el estudiante de Comercio y Marketing.

Así estaba preparado el examen de diferentes cursos de magisterio. Algunos alumnos aseguran que no había distancia de seguridad suficiente entre las sillas
Así estaba preparado el examen de diferentes cursos de magisterio. Algunos alumnos aseguran que no había distancia de seguridad suficiente entre las sillas

En cambio, Alejandro Méndez cree que el principal problema de la presencialidad tiene sus raíces en los propios estudiantes. Hasta ahora el estudiante de Derecho y ADE solo ha realizado dos exámenes y en ambos «se nos pidió que llegásemos con el tiempo justo, sin formar los típicos grupos donde se comenta el examen y se repasa antes de entrar, y a poder ser que entrásemos en el edificio (espacio cerrado) a la hora para estar el mínimo tiempo posible de manera «no ordenada». Las aulas estaban ventiladas y se mantenía el metro y medio (a ojo, claro). Había gel desinfectante para usar en el acceso del aula y a la salida. Además, los profesores usaban todos guantes». 

Por eso, considera que la situación es de riesgo porque la mayoría de los alumnos no cumplen las medidas sanitarias. «Hay un porcentaje residual de alumnos que tienen motivos reales de preocupación y consecuentemente cumplen las normas, y una mayoría abismalmente absoluta de gente que quiere hacer exámenes online porque les conviene por el motivo que sea. Aquí ninguno es santo, pero hay que ser coherentes con lo que se pide a los demás y lo que nos exigimos a nosotros mismos. Las imágenes que circulan por las redes donde se ve claramente como se incumple el protocolo de forma grave son generadas por conductas deliberadas de los estudiantes que inaplicaron la normativa», reconoce.

En su caso, «hoy no se nos pidió el DNI, ni acceder por orden alfabético... se eliminó toda circunstancia en la que el alumno tuviera que permanecer estático fuera del aula, de modo que según entrara en el pasillo donde se encontraba la clase accediera en pocos segundos a su asiento. Por tanto, el caso es particularmente flagrante porque él aula en cuestión se encuentra al fondo de un pasillo y éste se prolonga, sin exagerar, más de 25 metros hacia el otro lado, con un ancho muy considerable, donde la gente podía guardar la distancia sin ningún problema y no lo hizo. Sin contar la gente que se juntó 20 minutos antes de entrar a echar el pito en la puerta del edificio en grupos», detalla Méndez.

Aun así, reconoce que «hay que limitar la situación de excepcionalidad al máximo y tratar de recuperarnos lo antes posible. Que las clases tienen que ser online es una cuestión estadística, más probabilidades de contagio en un cuatrimestre completo son muy superiores a las que pueden acarrear los periodos de exámenes. El problema es que la docencia online no es tan buena como la presencial, y la gente quiere que se mantenga una cierta simetría entre docencia y evaluación, perfectamente comprensible, por supuesto. Pero yo creo que esa opción como tal no se puede plantear así, los exámenes son presenciales salvo que se tengan que hacer online porque las circunstancias lo impidan, no son online y se harán presenciales si se puede»

Al mismo tiempo, asegura que, también, la Universidad tiene mucho que mejorar. «En la planificación de los exámenes, se podían haber dispuesto de más espacios, desdoblar grupos o haber dispuesto de trabajadores para que encendieran la calefacción de madrugada y para las 9 ya estuviera él aula a buena temperatura, ya que hacía un frio que dolía. Pero eso no nos compete a los alumnos, nos compete primero que nada cumplir con el protocolo; no podemos empezar a quejarnos de un protocolo que decidimos deliberadamente incumplir. Esto es una cuestión de responsabilidad compartida, de la universidad y de los alumnos, el Rector sabe que tiene las horas contadas y se deja ir... y los alumnos, en la mayoría de los casos que no todos, se mueven por motivos que poco tienen que ver con la salud», sentencia el estudiante.

Tal es la situación de indignación que el Sindicato de Estudiantes de Asturias ha pedido la cancelación de los exámenes presenciales en la Universidad de Oviedo, ya que no quieren que se produzcan masificaciones que aumenten el número de contagios y piden condiciones seguras. En un comunicado, asegura que los exámenes presenciales son «un riesgo para la salud» y critican a los representantes del Ministerio de Universidades por hacer «caso omiso a todas las reivindicaciones» que los estudiantes han propuesto.

«Se negaron a por dar el curso por finalizado con continuos lavados de manos y medidas laxas e insuficientes, se mantuvieron los exámenes de forma online a pesar de que miles de universitarios no podían acceder a este tipo de evaluación por la brecha digital, se nos ha sobrecargado con trabajos para tratar de ocultar las graves carencias del sistema público universitario», recalca. Por último, el sindicato critica la postura de este departamentos «cuando los datos del Ministerio de Sanidad respecto al avance de la covid-19 en el España han vuelto a descontrolarse» y «se da el visto bueno a que 150, 200 o 250 estudiantes» se amontonen en un misma aula para realizar exámenes de forma presencial, informa Efe.

Además. los portavoces de los alumnos y alumnas de distintos grupos y cursos de diferentes Grados de la Universidad de Oviedo han escrito un comunicado, donde recogen las declaraciones de estudiantes que se han examinado hoy de forma presencial, para hacerse oír:

«Los alumnos de varios grados de la Universidad de Oviedo llevamos varios días  intentando hacernos oír en redes sociales y en medios de comunicación, pidiendo una  realización telemática de los exámenes programados para este mes de Enero ya que las  condiciones para hacerlos presencialmente no son las adecuadas. 

  • La peligrosidad que suponen los transportes públicos de acceso a las Facultades en horas de elevada confluencia, dada la posible aglomeración de viajeros y la  imposibilidad de mantener la distancia de seguridad interpersonal, así como la falta de ventilación en el trayecto hacia el centro de estudio y/o evaluación para prevenir el contagio. 
  • El riesgo que supone la confluencia de alumnos en las aulas y los pasillos de las facultades durante los periodos de evaluación, especialmente para aquellos alumnos en situación de vulnerabilidad, por su condición de persona de riesgo o convivencia con personas de dicha condición, a los que se les hubiera denegado la posibilidad de una evaluación diferenciada o aplazada.
  • La posible incompatibilidad de esta modalidad de exámenes con las indicaciones sanitarias comunicadas desde las autoridades para prevenir los contagios y limitar los efectos de la pandemia.
  • Las condiciones climatológicas poco favorables debidas a los últimos temporales y a  las temperaturas adecuadas a la fecha en la que se realizan los exámenes y, en concreto,  teniendo en cuenta la necesidad de ventilar las aulas durante los exámenes debido a la  situación actual y el poco recomendable uso de la calefacción ya que ha sido prohibida  en otros ámbitos como la hostelería al favorecer el movimiento del aire y con él la  posibilidad de los contagios.

Entre los testigos que hemos podido recoger, se encuentran alumnos de diferentes carreras, entre ellas el grado en Magisterio, el grado en Historia, el grado en  Enfermería y el grado en Ingeniería; que han tenido que realizar los exámenes en el  CAU ? en el caso del grado en Magisterio ? en asientos situados a una distancia menor  de 1,5 metros y los cuales no eran los adecuados para personas zurdas. Además de esto, ninguno de los grados mencionados antes disponía de calefacción pero tampoco de una  adecuada ventilación, además de incumplir las normas de distanciamiento social. Asimismo, aseguran también que, debido a las condiciones climatológicas, «volvieron a  casa con las manos rojizas del frío, entumecidas y congeladas» además de que «las bajas  temperaturas no les permitieron concentrarse en la realización de las pruebas». Los alumnos del grado de tercero de Magisterio Infantil alegan que «los profesores les  pidieron que fueran abrigados porque no podían poner la calefacción». 

Además de esto, desde el mes de diciembre no se ha vuelto a informar a los alumnos de un protocolo adecuado a seguir ante estas condiciones más allá de lo  anteriormente mencionado; ponerse la mascarilla, echarse gel y no aglomerarse ? esto  último siendo inviable ya que se nos pide a los alumnos que nos quedemos fuera de la facultad hasta que nos avisen antes de la realización y en los intermedios de los  exámenes, exponiéndonos al frío.

Por otro lado, muchos matriculados de la Universidad de Oviedo vienen desde otras Comunidades Autónomas, topándose con problemas de movilidad vinculados al  temporal, ya sean medios de transporte cancelados, no poder si quiera salir de su  Comunidad Autónoma por la peligrosidad de la situación o tener que arriesgarse en ir  mediante otros medios (taxis, Blablacar, etc.) para poder trasladarse hasta Asturias. Esto  pone en riesgo al alumnado, ya que nadie asegura que se vayan a tomar las medidas  adecuadas en los transportes o que, hablando en extremis, no tengamos un accidente  ante la situación en carretera ahora mismo, teniendo en cuenta que tras esta ola de frío  se nos presenta una nueva, a la que a su vez se le suman las placas de hielo que se  forman en la carretera, entorpeciendo la movilidad de los medios de transporte.  

A pesar de las movilizaciones que se han creado en las redes sociales ? como,  por ejemplo, el hashtag #UniOviNosAbandona ? y la realización por parte del  alumnado de un comunicado hacia el rectorado de la Universidad de Oviedo, y  recibiendo el apoyo en redes sociales de la FdE Asturias, la administración de la  Universidad se ha posicionado en contra de nuestra posición, asegurando que «no hubo brotes ni contagios que tuvieran relación con la Universidad», siendo esto cierto debido a que las clases se impartieron vía online desde el mes de Octubre. Además, hay una  incongruencia en lo dicho por parte del rectorado, ya que mencionan que «las  condiciones no han variado», cuando podemos observar que los casos aumentan cada  día y las condiciones empeoran cada vez más. 

Por esto, los estudiantes de los mencionados grados y cursos solicitamos  respetuosamente, y sin más interés que la seguridad de los alumnos y alumnas y sus  familias, que se considere la posibilidad de llevar a cabo una evaluación online de  carácter no presencial. Limitar el contacto físico y evitar, en la medida de lo posible, las  reuniones y concentraciones de personas son medidas propuestas y ejercidas desde  todos los sectores de la sociedad como una responsabilidad colectiva para minimizar los efectos de la pandemia.  

Entendemos las complicaciones y molestias que el cambio de modelo pudiese causar, y agradecemos los esfuerzos llevados a cabo por la institución, pero  consideramos que la evaluación online no presencial, ya aplicada con éxito en  convocatorias anteriores, es la medida más eficaz para garantizar la salud y seguridad de  los estudiantes y sus familias, así como de todo el personal universitario».  

También, se dirigieron ayer al Presidente del Principado de Asturias y al Rector de la Universidad de Oviedo mediante un escrito para denunciar «la injusta» situación. A titulo personal, Victoria Asensio, también, envió un comunicado a ambas personalidades. «El rector me respondió que sería ilógico cambiar las normas de los exámenes cuando está publicado desde diciembre y no ha cambiado la situación y Barbón me dijo que el ejecutivo no tenía potestad sobre las facultades. ¿Entonces la potestad de las facultades es superior al ejecutivo?. No se dan cuenta del riesgo que corremos. Solo quieren la presencialidad porque dan por hecho que el alumno no puede copiar», sentencia la joven.

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