Una gijonesa supera el coronavirus tras 10 meses hospitalizada: «Estoy aquí, viva»

Elsa Lomas ha abandonado hoy el Hospital Gregorio Marañón tras ingresar por coronavirus el pasado 11 de abril y sufrir numerosas secuelas como un infarto cerebral

Elsa Lomas abandona el hospital entre los aplausos del personal sanitario

Redacción

Tras una intensa lucha, Elsa Lomas vuelve a casa después de estar 315 días hospitalizada. Esta gijonesa de 53 años ha estado durante diez meses combatiendo el coronavirus. La mitad de ese tiempo ha permanecido en la Unidad de Cuidados Intensivos, puesto que precisó de soporte ventilatorio, y, el resto en planta, ya que allí tuvo que hacer frente a las numerosas secuelas. Concretamente a un infarto cerebral y distintas infecciones. De esta manera, se convierte en la paciente más longeva del Hospital Gregorio Marañón y la española que más ha tardado en superar la enfermedad. Pero, por fin, ya ha recibido el alta.

«Antes tenía miedo porque en casa no va a haber ningún sanitario conmigo. Pero, ya lo he asimilado. Está mi marido y una persona que hemos contratado. Tengo unas ganas locas, como en casa en ningún sitio», reconoce Elsa en un vídeo publicado por dicho centro sanitario. Lomas volvió a renacer, ya que su vida cambió por completo el 11 de abril de 2020. Ese día había acudido a urgencias porque ya llevaba una semana con una fiebre alta y con unos síntomas que empeoraban por momentos. De inmediato le hicieron una PCR que confirmó que estaba contagiada de coronavirus y quedó ingresada. Pero, dada su situación tan compleja -su sistema inmunitario estaba muy debilitado debido al linfoma no Hodgkin diagnosticado desde finales de 2012 y su consiguiente trasplante de médula- y el agravio de la enfermedad, a los 15 días tuvo que pasar a la UCI.

Allí aguantó 48 horas sin ser intubado, pero le tuvieron que inducir un coma que hizo que viviera sus momentos más críticos. Tras tanto tiempo sedada, tuvo delirios. Lomas llegó a creerse que había dado a luz a mellizos en La Paz y quería saber dónde se encontraba, según recoge La Razón. Después de 25 días intubada por la boca, con cambios de posición constantes y unas elevadas dosis de corticoides, los médicos tuvieron que realizarle una traqueotomía. Por ello, tuvo que estar un mes conectada a un sistema de oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO). Una máquina que hacía la función de sus pulmones hasta que finalmente el 15 de septiembre pasó a planta.

Parecía que todo iba a volver a la normalidad, pero realmente era una estancia interminable, puesto que a partir de ahí sufrió complicaciones en los órganos a causa del coronavirus. Tuvo múltiples afecciones vasculares, sufrió un infarto cerebral y también infección urinaria, así como neumonía. Todas ellas se fueron sucediendo una detrás de otras, pero el equipo sanitario se dejó la piel con ella, puesto que mantenerla con vida era una prioridad absoluta y lo consiguieron.

Esto hizo que Elsa aprendiera de nuevo a caminar, comer, hablar e, incluso, a escribir ya que, en un momento dado, tuvo una hemiplejia en el lado derecho de su cuerpo y polineuropatía del enfermo clínico derivado de tanto tiempo parada. Pero, su capacidad de lucha y su fuerza, junto a un despliegue de profesionales que le ha proporcionado tratamientos y cuidados durante sus diez meses de ingreso, le permitieron recibir el alta hospitalaria y regresar entre aplausos a su casa.

Aún queda un largo trecho de cuidados y rehabilitación en su domicilio. También de prudencia porque su sistema inmunitario no ha logrado generar anticuerpos, pero la buena noticia es que su linfoma está en remisión. Pero, por el momento, podrá celebrar su cumpleaños y estar con los suyos y con su hija, quien la ha dejado en quinto de primaria y ya está en sexto curso «Quiero ver si ha crecido ya o no porque ha sido un año, algo la tengo que ver diferente». Para, Lomas «es un milagro para tanto tiempo. Estuve muy malita, pero aquí estoy, viva».

El amargo trago del coronavirus: «Nunca voy a volver a ser la de antes»

Esther Rodríguez
Ruth del Río, a la izquierda, y Carmen Vega, a la derecha, a pesar de haber pasado el coronavirus aún tienen sus secuelas
Ruth del Río, a la izquierda, y Carmen Vega, a la derecha, a pesar de haber pasado el coronavirus aún tienen sus secuelas

Las asturianas Carmen Vega y Ruth del Río, tras haber pasado la enfermedad, relatan cómo deja secuelas que impiden llevar una vida normal

Durante más de siete días, la naveta Carmen Vega estuvo sin dormir pensando que si lo hacía nunca volvería a despertar. Empezó a sentirse mal a principios de octubre, pero no lo suficiente como para ir al médico. «No tenía tos ni fiebre, solo una fuerte diarrea», relata. De repente empezó a ahogarse y fue ingresada directamente en la UCI. Tenía una neumonía bilateral por covid. Los médicos apenas le daban horas de vida. Pero, tras 21 días intubada y sedada lograron estabilizarla y pasó a planta. «En ese momento tenía la cabeza perdida porque no entendía nada. Aún sigo sin recordar cuándo me sacaron de casa», señala. Allí estuvo más de un mes antes de que le diesen el alta. Vega, de 61 años, consiguió superar la enfermedad, pero no sus secuelas, que le impiden llevar una vida normal.

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