El valioso baúl de los Selgas: lo que Franco les entregó después de la guerra

Las actas de incautación y posterior devolución recogen unas 80 obras y objetos de arte que la familia de origen asturiano reclamó y obtuvo

A la izquierda, acta de incautación de la familia Selgas durante la Guerra Civil. A la derecha, una de las hojas del expediente de devolución, ya en septiembre de 1939
A la izquierda, acta de incautación de la familia Selgas durante la Guerra Civil. A la derecha, una de las hojas del expediente de devolución, ya en septiembre de 1939

La familia Selgas, de origen asturiano, se ha encontrado estos días en el foco de atención por dos cuadros famosos: el Aníbal Vencedor de Goya, que vendieron al Museo del Prado, y una Inmaculada del Greco, cuya salida de España impidió el ministerio de Cultura.

La Inmaculada, al parecer, desapareció de la quinta familiar de Cudillero en 1936, durante la Guerra Civil y apareció más tarde en Estados Unidos. Al final regresó a España tras muchas gestiones del Gobierno. Sin embargo, no fueron los únicos cuadros del enorme patrimonio de los Selgas que sufrieron idas y venidas.

Desde el inicio de la guerra, el Gobierno de la República se incautó de numerosas obras con objeto de evitar bien su venta, su destrucción por los combates o bien que cayeran en manos franquistas. Muchas salieron de España y no volvieron; otras sí. También fueron enviadas a Valencia y luego retornaron a Madrid. Las hubo que no fueron reclamadas por sus propietarios o no se les quiso devolver, según recoge el libro Arte, Botín de guerra, del profesor Arturo Colorado (Editorial Cátedra, 2021). «Fueron miles de las piezas artísticas que fueron reubicadas, desplazadas y entregadas en depósito» o devueltas, con o sin fundamento, desde el fin de la contienda hasta muchos años después.

Es el caso de los Selgas, con domicilio en la calle Jorge Juan, 7 de Madrid, donde poseían el edificio entero. El 20 de mayo de 1937, una comisión integrada por el propio Ezequiel Selgas y dos representantes de la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico (el concejal Vidal Arroyo y el pintor Thomas Malonyay; curiosamente no firma Selgas pero sí alguien llamado Antonio Tejero que no figura en el encabezamiento, puede que un representante de la familia) levantan el acta por la que se llevan de ese domicilio hasta 79 obras de arte entre lienzos, tablas y objetos valiosos.

Entre ellas, como consta en el documento del Archivo de la Guerra del Ministerio de Cultura (JTA 16/54), un lienzo que representaba un caballero que atribuyen al Greco (lo indican entre interrogantes) y muchos datados entre los siglos XVI y XVIII sin consignar autor. Una simple descripción y un número los identificaban. Más tarde, al terminar la contienda, serían fotografiados e inventariados.

Muy poco después del fin de la guerra, aparece el expediente de devolución a los Selgas. Es el número 806 del Sdpan (Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional del ministerio de Educación), con fecha de 19 de septiembre de 1939. Y dice que Ezequiel Selgas y Marín, «capitán de aviación» reclama objetos depositados en el Museo de Arte Moderno de Madrid y en el Museo del Prado, donde hay numerosos cuadros «que reconoce de su propiedad». A menudo bastaba esta declaración, según señala el profesor Colorado, para hacerse con objetos depositados, aunque en este caso existía el acta previa de incautación.

Según el profesor, el Sdpan, organismo creado por el nuevo gobierno, se dedicó a repartir el patrimonio que claramente no pertenecía a un museo, como ocurría con las obras de El Prado, o que no reclamaba nadie. Bien por haber fallecido o por estar en el exilio.

Las obras figuran en ese momento numeradas y fotografiadas; en el acta 806 (SDPAN 287/16) se listan 85 cuadros, muebles, jarrones y otros objetos; es decir, más de lo que en principio se ve en el expediente de incautación que consta en los archivos.

Entre lo referido hay, por ejemplo, una «Virgen de una Anunciación 90x33, española del siglo XV» con número 10239-18, así como otras dos obras del mismo siglo, Calvario y Ángel de una Anunciación. También viene su número de fotografía, que ayudó a los investigadores de otros casos a la hora de identificar los cuadros devueltos, como ocurrió en Asturias con los bienes entregados a la Diputación  o a la Universidad de Oviedo.

El archivo Arbaiza recoge 34.508 negativos fotográficos tomados por Vicente Salgado de las obras de arte y bienes culturales incautados por la Junta en Madrid y provincias limítrofes durante la Guerra Civil, antes de que se devolvieran a sus antiguos propietarios.

No hay, a simple vista, nada que indique que el famoso Goya de los Selgas estuviera en esa relación; tampoco la Inmaculada del Greco. Ellos pudieron recuperar buena parte de su patrimonio, si no todo. Otros no tuvieron tanta suerte.

 

El fabuloso tesoro artístico que Franco expolió para Asturias del «botín de guerra»

GUILLERMO GUITER
Un traslado de obras de Madrid a Valencia, durante la Guerra Civil. Muchas de esas obras volvieron al Museo del Prado y de ahí, en 1941, algunas fueron entregadas a la Diputación de Asturias. Hoy están en el Museo de Bellas Artes asturiano
Un traslado de obras de Madrid a Valencia, durante la Guerra Civil. Muchas de esas obras volvieron al Museo del Prado y de ahí, en 1941, algunas fueron entregadas a la Diputación de Asturias. Hoy están en el Museo de Bellas Artes asturiano

El Museo de Bellas Artes descubre el origen de un centenar de lienzos incautados durante la guerra y traídos en 1941 al Principado. Otras obras salieron, pero nunca fueron recuperadas

Septiembre de 1937. Las tropas franquistas están aplastando el Frente Norte. El Gobierno de la República decide sacar de España todas las obras de arte que pueda para evitar que caigan en manos de las tropas franquistas o que sean destruidas en los combates. Un barco zarpa desde Unquera con 6.000 refugiados y otra importante y delicada carga: 124 cajas que contienen parte del mejor patrimonio de Asturias y Cantabria. Después de varias aventuras, el cargamento acaba llegando a Valencia… y ahí se pierde su rastro. Hasta el día de hoy, no se sabe qué había en las cajas, ni dónde está ese contenido.

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