Riki: «Quiero quedarme en el Real Oviedo»

La Voz de Asturias, tres días antes de que se abra un mercado de invierno en el que podría ser protagonista, entrevista al centrocampista carbayón

Riki Rodríguez
Riki Rodríguez

Oviedo

Pocas horas después de entrenar en El Requexón por última vez en el 2020, Riki Rodríguez (Oviedo, 1997) coge el teléfono para atender a LA VOZ DE ASTURIAS. Es su primera entrevista desde que es jugador del Real Oviedo y, durante casi 50 minutos, repasa toda su trayectoria futbolística: su aterrizaje al club azul cuando todavía no era ni un adolescente, las veces -no fue ni una, ni dos- que la entidad carbayón no confió en él, su crecimiento en Tineo, Luanco y Langreo y, por fin, el regreso al club de su vida en 2019.

Son muchos los jugadores del vestuario del Real Oviedo que, tanto en privado como en público, afirman que Riki es, con diferencia, uno de los jugadores más especiales de la plantilla. Sin embargo, solo Rafa Mujica y Giorgi Aburjania han jugado menos que el ovetense en lo que va de temporada. ¿Qué piensa el '21' de las pocas oportunidades de José Ángel Ziganda y su futuro en el mercado de invierno?

-PREGUNTA: ¿Cuándo llega a El Requexón?

-RESPUESTA: Al acabar alevines. Era un Requexón muy diferente al de ahora. Entrenábamos en el campo nº3, el sintético, que se lo digo ahora a los que son de fuera cuando lo atravesamos de camino a los campos del fondo y no se lo creen. Nos cortaban la luz a las 20:00 horas y el autobús salía a las 20:30. Ducharte en dos minutos, coger un pincho o una chocolatina en ‘Chan' y para casa. A lo tonto, con esos “apúntame esto” dejábamos mucho a deber [risas].

-¿Qué significaba para aquel niño jugar en el Oviedo?

-Era un privilegio. Cuando me lo dijeron mis padres se me llenaban los ojos de la alegría. Un orgullo, vamos.

-Generación del 97.

-Desde infantiles a juveniles sufrimos bastantes cambios, la verdad. Venía el Sporting y se llevaba a algún jugador. Y luego el Oviedo también fichaba, claro. A partir de juveniles ya se asentó una base con Josín, Prendes, Viti, Steven, Pinín…

-¿Le llamó el Sporting?

-Me llamó, sí.

-Siempre se valoró mucho a todos esos niños que, cuando peor estaba el Oviedo, se quedaron.

-Recuerdo una vez que estaba con un compañero de equipo y el Sporting llamó en ese momento a su padre. “Mi hijo en la vida va a ir al Sporting”, decía a voces. Flipábamos.

-En juveniles sale cedido al Astur.

-Eso fue el segundo año. El Oviedo me ofrecía seguir en Liga Nacional y si iba cedido al Astur era para jugar en División de Honor. Por entonces uno no sabía si iba a llegar a ser profesional y lo más parecido a eso era la División de Honor. Descendimos, pero fue un año muy bonito, cada viaje era una fiesta.

-Volvió y jugó la Copa del Rey.

-El Requexón solo se llenó dos veces para vernos a nosotros: una en infantiles, que nos jugábamos la liga contra el Sporting, y el día de la Copa ante el Athletic. Fue Symmachiarii, con bengalas y todo. Una pasada.

-Conoció Lezama.

-Imponía mucho. Llegas y ves ese arco, esas instalaciones y ya piensas que estás en un sitio importante.

-Acaba en juveniles y segunda cesión. Esta vez, al Tineo.

-Le decía a mi padre que si no me llamaba nadie iba para el ‘Uni', a jugar en preferente. Andrés Hernández, el entrenador del Tineo, me conocía de la época del Astur y no paraba de llamarme.

-También entrenó a Jimmy en el Astur, ¿no?

-Eso es. De hecho, me decía que quería que jugase en una posición similar. Insistió y acabé jugando en Tineo.

-La Tercera profunda, eh.

-Iba desde Oviedo con Chema, portero que jugó en el ‘Uni' y en el Condal. Entrenábamos tres días a la semana: un día solo estábamos los de aquí de Oviedo e íbamos al San Ignacio, otro día entrenaba todo el equipo junto en Oviedo y el último, también todo el equipo, entrenaba ya en Tineo. Yo, que llegaba del Oviedo y El Requexón era algo más serio, alucinaba.

-Pero salió bien. Acaba la temporada y ficha por el Marino.

-Me reuní con el Oviedo y me dijeron que no contaban conmigo para el Vetusta.  Y me llamó Oli. Manel, que era su segundo, me conocía del Astur. Fui un poco para ocupar una ficha sub-23 y el primer partido del año era titular. Después llegó Luis Morán y me costó más entrar, pero fue un gran año.

-Era el benjamín de ese vestuario.

-Imagínate. Había gente con experiencia en el fútbol profesional y en Segunda B. Estaban Óscar Pérez, Saavedra, Guaya, Pantiga, David González, Luis Morán… Era el pipiolín. Poco a poco juego, cojo confianza y los compañeros te ayudan.

-UP Langreo, otro paso adelante.

-Los recuerdos de aquel año son buenísimos, sobre todo los de la primera mitad de la temporada. Nos costó arrancar, a mí también, pero fuimos yendo a más y hubo unas semanas que estábamos con una confianza tremenda. Estaba Héctor Nespral, que no tuvo suerte aquí en el Oviedo, pero me parece un futbolista de Segunda División. Dani Ábalo, cedido por el Cartagena. Roni y Allyson, que nos daban la vida.

-En Ganzábal jugó mucho como centrocampista.

Recuerdo formar doble pivote con Héctor, ojo. Cuando Hernán nos ponía ahí sufría mucho [risas]. Nos apañábamos bien.

-¿Se siente más cómodo como mediocentro/interior o como mediapunta?

-Una de las virtudes que tengo es la conducción e intento aprovecharlo romper líneas de presión. Eso, jugando de mediapunta, es mucho más complicado porque casi no hay espacios. Sé que defensivamente me queda por mejorar, así que también entiendo que muchas veces no se atrevan a colocarme ahí.

-Vuelve al Oviedo al finalizar la 18/19, pero el fichaje se gestó antes.

-Me firmó Ángel Martín. El Oviedo ya había hablado con nosotros en octubre o por ahí, pero no acababa de ir para adelante el tema. En enero de 2019, en la última semana de mercado, al filial del Celta se les lesionó un mediocentro y nos mandaron una oferta. El Oviedo se enteró e hicieron lo mismo. Tocó elegir y al final… Uno es de aquí. El sueño era debutar en el Tartiere en el fútbol profesional y la casa tiraba mucho.

-Pretemporada de la 19/20. Qué piensa cuando llega a El Requexón.

-Años atrás me esperaba el seguir avanzando poco a poco en el fútbol, pero no me esperaba volver al Oviedo. Pensaba que era una etapa que ya se había acabado. No contaba con ello. Por suerte, pude volver.

-Y empieza a entrenar con el primer equipo.

-Intenté adaptarme lo más rápido posible. Al final, el fútbol profesional es muy diferente. Tanto dentro del campo como fuera, ojo, hay mucha repercusión. También es verdad que aquí en Oviedo la gente me conoce más por ser de aquí que por ser futbolista. Ya me ha pasado varias veces lo de ir paseando con algún compañero y que alguien nos pare para pedir una foto, pero se la hacen con el otro y conmigo solo hablan [risas]

-¿Conocía a los canteranos que ya estaban en el primer equipo?

-Con Jimmy y Edu (Cortina) había amistad. En mi primer año de juveniles, por ejemplo, hago la pretemporada con el División de Honor y el padre de Jimmy nos llevaba a los dos en coche. Y con Edu pues de toda la vida. A Borja no lo conocía tanto, porque cuando estuvo en el cadete A y yo entrenaba con ellos, él iba muy sobrado y entrenaba con los juveniles. Teníamos amigos en común, pero nada que ver con la amistad de ahora.

-Debutó en la primera jornada, ante el Deportivo.

-Más que el nivel futbolístico, me sorprendió el ritmo. Lo que más costaba era creerte que estabas ahí, el no tener miedo a jugar los partidos como los has jugado toda tu vida. No estar pendiente del rival o los compañeros y centrarse en uno mismo, en definitiva.

-Su segundo partido como titular en Segunda fue el derbi ante el Sporting.

-El partido era el domingo y Rozada me lo dijo el jueves. Hizo una semana terrible, de no parar de llover, y Javi me dijo que, si las condiciones meteorológicas lo permitían y el campo estaba aceptable, iba a jugar. Ese jueves diluviaba. Me pasé los tres días mirando por la ventana a ver si paraba de llover.

-¿Cómo lo vivió?

Con las pulsaciones a tope. Sí es verdad que el partido fue frío, de ambiente y de juego, porque ningún equipo estaba bien, nadie quería arriesgar y no había espacios. Pero era un derbi.

-A partir de ahí, no vuelve a jugar.

-Solo jugué en Badalona, en Copa. La situación era muy complicada, semana sí y semana no estábamos en descenso y entiendo que en esos momentos los entrenadores no se la quieren jugar con chavales. En enero llegaron fichajes con nivel de Primera, como Lunin y Luismi, y las puertas se cerraron más todavía. Pero fueron claves en la salvación, claro.

-Una temporada muy dura, ¿no? Muy tensa.

-Los veteranos decían que fue una de las más difíciles de sus carreras, así que imagina para nosotros.

-En marzo, justo antes del confinamiento, le sacaron una tarjeta amarilla en el derbi de filiales.

-Te cuento todo el proceso. Mi 2020 empezó con un gripazo tremendo que me dejó fastidiado todo el mes. Volví a coger el ritmo y en un entrenamiento me rompo un hueso de la mano. Tira y afloja con Manolo (médico del club), porque quería operarme para estar en el derbi ante el Sporting B.

Ese día jugué con la mano rota, un vendaje que ni podía mover el brazo, corriendo mal… Después del partido hasta me dolía la espalda. Estaba hablado lo de forzar la tarjeta para no jugar en Ibiza y poder recuperar la lesión. Me sacan la tarjeta, acaba el partido y al día y algo se paró todo.

-Y pasó lo que pasó.

-Durante el confinamiento me dio por pensar en ello, en que al no volver la Segunda B igual se complicaba el tema. Pero se me pasaba pronto y me decía a mí mismo que era imposible. Y al final, mira.

-Nadie entendió nada de todo aquello.

-Normal. El club se movió y mis agentes también preguntaban. La Federación decía que no había ningún problema, pero también decía que no estaba del todo claro. En la situación en la que estaba el Oviedo, que cualquier punto era la vida, entiendo que el club no arriesgase. Lo que no se entiende es que ningún estamento dijese nada. Incomprensible.

-Qué le decían en el vestuario.

Me animaban. En general, me cuidaron, y me cuidan, mucho. Pero también es verdad que, aunque me jodiese la situación, yo intentaba entrenar bien y crear buen ambiente en el grupo.

-20/21. Pretemporada en la que, según Arnau, Viti y usted se juegan seguir en el primer equipo.

-Estaba falto de ritmo, básicamente porque llevaba sin jugar desde marzo. Poco a poco me fui encontrando bien, la verdad. Era difícil manejar esa presión de depender de lo que hagas cada día para seguir en el Oviedo. El día de Ponferrada, en el último amistoso, me liberé y salió un buen partido.

-¿Pudo salir en aquel mercado?

-Quería quedarme aquí y trabajaba para ello. Hubo opciones de salir y llamaron de varios equipos, pero quería seguir, aunque supiese que iba a ser difícil. Sí es verdad que tampoco me esperaba tener tan pocos minutos.

-Juega un par de minutos en la primera jornada y después, nada.

-Es jodido. Recuerdo varios partidos de llegar a casa con un mosqueo tremendo, cerraba la habitación y no quería saber nada de nadie. No quería ni coger el teléfono. El lado positivo es que todo esto te hace madurar. El fútbol es tu trabajo y es importante, sí, pero hay vida más allá y no podía estar amargado todo el día.

-¿Pensaba que la única solución era buscar minutos fuera?

-Te lo planteas todo, es así. Con 23 años uno quiere jugar, le da igual donde. Pero mi trabajo era ir cada día a El Requexón, entrenar y salir de ahí tiritando del esfuerzo. Si lo que hacía no me valía para jugar, pues tocaba hacer lo mismo y multiplicado por dos.

-¿En esas semanas de octubre y noviembre le llamaron de otros clubes?

-Sí.

-Vuelve a jugar en Sabadell, ya en diciembre, y como titular.

-Sabía que podía pasar, aunque en la anterior tanda de partidos entre semana no jugué nada. Esos días me encontraba bien y el míster me dice que voy a jugar. Tras unos meses tan complicados, todo lo que llegase iba a ser bueno.

-Cómo vivió el partido.

-Fue una liberación, sobre todo porque el equipo sumó la victoria. Lo conseguimos y creo que jugamos bien, además fue muy especial porque estábamos muchos de la casa.

-Tiene minutos en los últimos cuatro partidos del año. ¿Cambia algo el panorama?

-Mi pensamiento es el mismo, jugando o no jugando. Lo que tengo que hacer es trabajar, trabajar y trabajar y, cuando me toque, estar preparado. Si no, la culpa es mía. Cuando juegas estás más contento, claro, pero no pienso en mucho más.

-¿Cree que la idea y el estilo del Oviedo de Ziganda casa con su fútbol?

-Pues no lo sé. Al principio de temporada la pedía un poco más al pie, ahora me acostumbré mucho más a cortar al espacio y ofrecerme en carrera, que es lo que pide el míster. Influyen muchas cosas.

-En Coria empezó en la banda derecha. Viti por dentro.

-Duramos unos 20 minutos. El míster quería aprovechar la intensidad de Viti para hacer daño por dentro. No acabábamos de encontrarnos y al final volví al centro y ese final de la primera parte fue bueno.

-En tres días se abre el mercado. ¿Va a seguir en el Oviedo?

-Esta es una pregunta muy complicada.

-¿Quiere quedarse en el Oviedo?

-Sí, quiero quedarme en el Oviedo.

-¿Ya tiene ofertas?

-Alguna hay. En el último mes he jugado más, pero al final uno repasa las estadísticas y soy de los que menos minutos acumula. Muy pocos para un chaval que quiere crecer, pero yo quiero seguir en el Oviedo.

-La típica. Un deseo para 2021.

-Salud, porque el 2020 ya fue lo suficientemente jodido. No hace falta más.

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