El enredo de las fechas de caducidad: hasta cuándo puedes consumir, de verdad, los alimentos de tu despensa

L. G. V.

TRUCOS

La seguridad del consumidor es lo primero, pero es compatible con el ahorro doméstico y la lucha contra el desperdicio alimentario. Te contamos qué productos no caducan nunca, y cuáles aguantan casi una vida si mantienes los envases cerrados

20 jul 2022 . Actualizado a las 18:01 h.

Los preppers ('preparacionistas' en español), estarán encantados con este artículo. Este movimiento, formado por personas que se anticipan a escenarios catastróficos y acondicionan sus hogares para protegerse del desastre, suelen tener una despensa de diez para que, en caso de tragedia, tener de dónde tirar. Si son buenos en esto de estar prevenidos, sabrán que una lata de tomate frito, un bote de miel, la pasta, los frutos secos o las sopas de sobre, pueden pasar en la cocina años, con tan de que sus recipientes estén cerrados. Los más espabilados también manejarán los siguientes datos: el jamón cocido, la pizza de verduras o incluso el vino, es mejor disfrutarlo mientras todo vaya bien, pues en caso de apocalipsis, no son de los productos que más aguantan en buen estado.

Toda esta información no aparece siempre en los envases de alimentos, ya que no todos los productos cuentan con una fecha de consumo preferente o de caducidad. Y aunque la tengan (al menos en el primer caso), este dato se coge con pinzas. Es recomendable tenerlo en cuenta para orientarnos, pero hace falta conocer más detalles para no caer, por ejemplo, en el desperdicio alimentario.

Garantizar la seguridad del consumidor es el objetivo principal de este tipo de etiquetas, pero ni significan lo mismo ni el hecho de que un alimento no lo lleve significa que nos va a durar toda una vida. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) es clara a este respecto: con la fecha de caducidad no hay matices, « los alimentos pueden consumirse hasta la fecha marcada y no después, aunque aparentemente conserven sus características organolépticas normales». Otra cosa es el consumo preferente, que habla más de la calidad que de seguridad alimentaria; así las cosas el producto puede tomarse aunque se supere el último día recomendado para su consumo.

Sin embargo, hay excepciones. Con los huevos, por ejemplo, que tienen que indicar la fecha de consumo preferente por orden de la Unión Europea (28 días después de su puesta), hay que extremar las precauciones. Y podremos consumirlos después de este momento si la cáscara se mantiene limpia y brillante y si, al sumergir el huevo en un vaso de agua, este se va al fondo. Si flota es que está en mal estado. Algo similar ocurre con productos precocinados que llevan verduras. Voces autorizadas no recomiendan su consumo cuando se pase la fecha que indica que se acerca el fin de su ciclo vital. Y, si los congelamos para hacerlos más duraderos, como puede ser el caso de unos canelones o una pizza, debemos consumirlos ese mismo día porque estos vegetales sí pueden sufrir un deterioro. La práctica totalidad del resto de productos que tienen fecha de consumo preferente se mantienen en condiciones óptimas para su consumo si los envases están cerrados.

Mencionadas las verduras, cabe destacar que la mayoría de alimentos frescos no cuentan con un indicador que nos permita conocer la vida útil del producto. Ocurre con el vino, que muchas veces se quedan botellas en la despensa sin saber muy bien cuándo se van a consumir. Esto dependerá de si se trata de un vino blanco o tinto. Aunque hay poco consenso en este tema, la mayoría de expertos coinciden en que este último aguanta unos diez años sin abrir y, el blanco, unos dos años desde su adquisición. Como curiosidad: son los flavonoides, unos fitonutrientes responsables del característico color del tinto, los que hacen especialmente duradero este líquido.

En este totum revolutum hay un grupo de alimentos por los que, simplemente, no hay que preocuparse. La sal, el azúcar, las especias o la miel pueden acompañarnos el resto de nuestra vida sin que esto suponga ningún perjuicio a nuestra salud.

¿Por qué nos avergonzamos del tinto de verano?

Laura G. del Valle

Hubo un tiempo en el que la tríada de la marca España eran el sol, la sangría y la paella. El empeño desarrollista del franquismo centró sus esfuerzos en poner nuestro país en un escaparate, como la canción de Marisol, de luz y de color. Los clichés envejecen regular, por eso los valencianos llevan años protegiendo su plato estrella (aun a riesgo de resultar cansinos) haciendo de este arroz una panacea gastronómica imposible de replicar fuera del Levante. De lo contrario, habría corrido la misma suerte que el vino con cosas. 

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