Andrés Bodalo, en una imagen de archivo
En primera persona

El privilegio de tener un muerto propio

«Él me apremió a visitar una parte aún desconocida de su tierra gallega, la Costa da Morte, y allí que nos fuimos, cegada yo aún de la rotunda luminosidad de mi Andalucía, y deseoso él de catequizarme para las sombras «esfumatas» de su Galicia» (...). Encaramados sobre la inestable Pedra de Abalar, mientras el crepúsculo nos convertía...»