La costumbre de sentarse a las mesas de los restaurantes a horas tardías trastoca las necesidades del sector en Asturias
24 sep 2018 . Actualizado a las 18:26 h.«Ya va siendo hora de comer, ¿no?» es una frase que se puede escuchar durante un fin de semana, cuando el reloj se acerca a las cuatro de la tarde, cerca de una zona de restaurantes de cualquier parte de España. Una costumbre que, pese a ser impensable en otros países europeos, donde a esa hora se están preparando para una próxima cena, está más que arraigada, para desgracia del sector de la hostelería, en Asturias. Resulta chocante ver que, mientras el turista nacional se dispone a desayunar, el extranjero ya está comiendo -e incluso terminando-. Este desfase horario provoca desajustes a un sector que no puede permitirse doblar turnos pero tampoco perder clientes.
Asturias cerró 2017 con 2.320.771 turistas, un dato histórico para la región. De ellos, apenas 377.418 fueron extranjeros, por lo que adaptar sus horarios a los de la hostelería parece -aunque beneficioso- impensable. El vicepresidente de Otea (asociación de hostelería y turismo en Asturias), Fernando Corral asegura «el impacto del turista extranjero no ha modificado mucho las costumbres». Así lo ratifica Carlos Suárez, dueño de La Chalana, quien considera que, en Asturias, «hay muy poca afluencia de extranjeros», a diferencia de otras comunidades como Madrid, donde «a las 12 del mediodía, en la Castellana, ya hay gente comiendo», afirma. Sin embargo, «en Asturias vamos siempre tarde», apunta Suárez.
Una tardanza que irrita al chef de Casa Gerardo, Marcos Morán. En su restaurante, aunque el servicio de comidas abarca desde las 13:00 a la 15:30 horas, «recibimos llamadas a las 15:15 horas de gente que quiere venir a comer y, si les decimos que vengan antes, prefieren no venir», comenta. «La hostelería no es solo sacrificada por las necesidades y las condiciones laborales», sostiene, «también hay que enfrentarse a los caprichos del comensal». Un cliente que alarga aún más sus horarios durante el verano, cuando no es rara avis divisar mesas llenas dispuestas a empezar una cena pasadas las 12 de la noche.
¿Horario ininterrumpido?
Una de las soluciones que se plantean -y que ya están en marcha en otras comunidades autónomas con mayor alcance de público extranjero- es mantener las cocinas abiertas durante todo el día. Una opción que habrá de ser sopesada por el propio restaurante para evaluar si le compensa. «El cambio de tendencia lo produce el propio negocio», afirma Corral. «Lo local debe adaptarse para crear oportunidades». De hecho, existen restaurantes en el oriente asturiano en los que ni se cierran los domingos ni las cocinas ponen fin a sus horarios, especialmente durante el verano.
Así sucede en La Chalana, cuya cocina permanece abierta hasta las dos de la mañana. Una estrategia que, a juicio de Suárez, «funciona muy bien». Un criterio al que se opone de Morán, quien considera que el horario ininterrumpido se ajusta más a otro modelo de negocios hosteleros, como las cafeterías o los bares de tapas. Además, ello supondría que, o bien tendrían que doblar turnos o bien contratar a más personal; sin embargo, el coste de ambas opciones podría acabar repercutiendo en los precios finales. «En Asturias se consume un producto cuya materia prima tiene un coste infinitamente más alto que en otras zonas de España», asegura Morán. El chef de Casa Gerardo no duda en señalar que, si pusieran horario continuo, tendrían que aumentar los precios para sufragar el coste, «pero entonces no vendo», apunta.
Mientras el turismo extranjero siga siendo mínimo -hecho que podría experimentar una bajada dadas las escasas conexiones aéreas restantes en el Aeropuerto de Asturias- los horarios en el sector de la hostelería en Asturias parece que se mantendrán. Eso sí, «con sentido común y a horas razonables», como considera Morán. Un sentido común que parece acercarse más a los horarios del norte de Europa que a los de la España de las sobremesas.