«Con los exámenes telemáticos regalas la asignatura»

Algunos profesores defienden la presencialidad de los exámenes ya que es «garantía» de no copiar

Estudiantes en el aulario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo
Estudiantes en el aulario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo

Redacción

Ante la polémica suscitada por el periodo de pruebas y las nuevas medidas restrictivas impuestas por el gobierno regional, la Universidad de Oviedo mantiene el plan inicial de realizar los exámenes presenciales al considerarlos «esenciales e inaplazables». Una decisión que es respaldada por una amplia mayoría de profesores, ya que «de forma online se regala la asignatura», afirma Estela González, docente titular de italiano. La educadora está a favor de la asistencia al aula por varias razones. En primer lugar, porque no todas las asignaturas son iguales. «En mi caso, ayudo a formar futuros filólogos, que tienen que tener ciertas competencias de fonología, lingüística y gramática, entre otras, y por eso es importante evaluar al alumno mientras se observa su comportamiento. De esta manera, se garantiza que no existan posibles fraudes como la suplantación de la identidad», detalla González.

La docente ya ha tenido una mala experiencia con los exámenes online. «Hice dos tipos de pruebas: una escrita y otra oral. En la primera el alumno sacó un diez, pero cuando se puso a hablar en italiano no sabía ni decir buenos días. Sé de sobra que copió, pero no tengo pruebas que lo demuestren», reconoce y explica que «si pones en Google “hago el examen por ti” verán que hay muchísimas ofertas de gente que se ofrece para realizar exámenes, no solo de idiomas extranjeros sino, también, de otras asignaturas». Algo muy difícil de controlar y por eso, defiende que en su caso es muy importante que las evaluaciones sean presenciales. «Sí que es verdad, que hay temas como puede ser la historia de la literatura, que se pueden abarcar con un trabajo, pero otros no».

Aun así, confianza en la honestidad de los propios estudiantes, pero se mantiene fiel a su ideal. «Los recursos que están a nuestro alcance contribuyen y ayudan a qué escribas correctamente el idioma como, por ejemplo, el traductor, los correctores de Word, etc. En este caso no tiene por qué haber intención de copiar, pero ya corrigen los errores antes de entregar el examen», argumenta. Al fin y al cabo, «los que más saben y suelen tener mayores calificaciones, con las pruebas online llegan a tener una nota muy parecida a la media del resto de estudiantes. Y las notas son muy importantes, ya que de ellas dependen las becas, las prácticas, y muchas más cosas», explica González.

Asimismo, la docente declara haber hablado, previamente, con sus alumnos para ver qué opinaban sobre que los exámenes fuesen online. «Más del 90% me reconoció que efectivamente en las pruebas asistenciales se demuestran los conocimientos aprendidos. Me confirmaron que en los exámenes telemáticos que habían hecho ellos mismos o algún amigo habían copiado», argumenta. De esta manera, «regalas una asignatura y no permite saber si los estudiantes han interiorizado lo que han aprendido».

Por otro lado, defiende que los exámenes presenciales también garantizan la seguridad sanitaria. «Por lo menos, en lo que yo conozco, se cumplen las reglas de seguridad. Cada 45 minutos se vacía el aula y se ventila dura 15 minutos, hay separaciones de un metro y medio, todos los alumnos, obviamente, llevan la mascarilla puesta y al ser un examen no está permitido hablar. Por tanto, el riesgo de contagio es muy bajo», explica.  Una postura que también avala Juan Carlos Campo Rodríguez, quien asegura que «en todo momento acatamos las normas sanitarias impuestas».

En esta misma línea, el director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón (EPI) y catedrático de Tecnología Electrónica en la Universidad de Oviedo, justica que «nos tuvimos que adaptar a la situación, lo seguimos haciendo y buscamos alternativas. Todo esto lleva perdidas, en algunos casos son muy grandes y otras menores. En la teoría es asumible, pero en las practicas no hay formas de hacerlo online. Los estudiantes venían al centro para realizar las prácticas. Por eso, no se les obliga a venir porque ya están viniendo. Además, las pruebas escritas para hacerlas con garantías, mayoritariamente, hay que hacerlas presencialmente. Se trata de un centro asistencial y, por tanto, la forma más adecuada es esta. Además, los exámenes ya se hicieron presenciales cuando era el pico de la pandemia».

Campo detalla que la Universidad lo único que está haciendo es garantizar el cumplimiento de las medidas sanitarias impuestas y que «el comportamiento que estamos teniendo dentro de la institución es muy bueno. No se produjeron contagios dentro del centro y, por eso, el debate social no debe estar en si son mejores los exámenes presenciales o los telemáticos. Hubo alumnos que el problema no estaba dentro de la universidad sino del transporte. Por tanto, en nuestro caso, no nos corresponde nada más que aplicar las normas. Pueden gustarnos más o menos, pero ante todo tenemos que cumplirlas y estamos obligados a dar ejemplo».

Asimismo, reconoce que el problema puede radicar en las propias normas que «son difusas y dan juego a interpretaciones diferentes según las opiniones personales y se han dado en un momento tan delicado como son los exámenes. Cuando se dicen las instrucciones claras la gente lo entiende muy bien y se cumplen».  Además, considera que a nivel institucional no puede haber divisiones. «El enfrentamiento por los exámenes presenciales no existía porque en diciembre ya los realizaron asistencialmente, pero ahora nos vemos envueltos en este debate. Además, se publicó con tiempo cuales eran online y cuales presenciales. No es sencillo realizar pruebas telemáticas de un día para otro».

Por el momento, «los exámenes presenciales funcionan bien con las limitaciones y a día de hoy esperamos que continúen.  Además, en la comunidad educativa se respira normalidad. Ya anticipemos, con tiempo, todas las necesidades y cómo va a afectar el inicio del segundo semestre. Tal y como está siendo la evolución y la propia polémica va a ser más difícil que sea un inicio presencial. Ojalá sea el último curso telemático porque, al fin y al cabo, los más perjudicados son los alumnos. Pero, por ahora, tenemos que ser ejemplares en el cumplimiento de nuestras obligaciones y arrastrar a la gente para que lo haga porque, además de la responsabilidad individual, hay una colectiva», sentencia el director de la EPI.

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