Dos vermús engordan lo mismo que un trozo de pizza: las bombas calóricas del verano llegan en vaso de tubo

SABE BIEN

Si quieres evitar subidas de peso innecesarias pero no dices que no a un copazo, te contamos cuáles son las mejores opciones y aquellas que debes rechazar de plano

03 ago 2022 . Actualizado a las 10:30 h.

La terraza, las olivitas, el sol y un par de vermús. Este combo veraniego es la estampa con la que la mayoría sueña cualquier día de enero, cuando una Dana y el estrés laboral campan a sus anchas. Sin embargo, es frecuente ver que muchas de estas personas que se lanzan al aperitivo, a la cañita bien fría, y al mojito, vigilan con rectitud el tipo de platos con los que llenan el buche. Ni harinas refinadas, ni fritos ni un helado después de comer. Esta paradoja, similar a la de quien se come un Big Mac con Coca Cola light, es especialmente curiosa porque, aparte de los motivos obvios por los que es recomendable restringir la ingesta de alcohol, estas bebidas son bombas calóricas servidas en vaso de tubo.

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El alcohol no aporta nutrientes al cuerpo, solo engorda. Además, diversos estudios han comprobado que el etanol activa las mismas neuronas encargadas de estimular el hambre, lo que explica que después de una noche de desenfreno llegue el ibuprofeno y unas ganas descontroladas de darnos un banquete, casi siempre, con los carbohidratos como protagonistas.

Las Navidades y el verano son el momento en el que los españoles consumen más alcohol y mensajes como que una copa de vino al día es saludable, o esos anuncios que romantizan las cañas en el chiringuito de turno, pasan factura a la salud y, también, al peso que marca la báscula. Bajo estas premisas queda recordar que no todas las bebidas afectan igual a nuestro cuerpo, ni por su graduación alcohólica ni por su valor calórico. 

Los gallegos, amantes de ese licor café que pone el broche de oro a todas las sobremesas, deben saber que un chupito supone un chute de 160 kilocalorías. Si tenemos en cuenta que la OMS recomienda una ingesta de entre 1.600 y 2.000 kilocalorías al día para las mujeres, y hasta 2.500 para los hombres (en términos generales), las cuentas es difícil que salgan. Todo esto, razonando además que las calorías del alcohol se depositan directamente en el tejido adiposo en forma de grasa.

El vermú es otra de esas bebidas que pueden contribuir a un rápido aumento de peso si este verano nos lanzamos a su consumo en cantidades más elevadas de lo habitual. Con unas 170 kilocalorías por vaso, con que nos tomemos dos antes de comer ya habremos alcanzado las calorías que nos aporta un trozo de pizza. Esto ha hecho que algunas marcas comiencen a lanzar sus vermús con cero azúcar, para contentar a los clientes preocupados por su línea. La tendencia ya estaba en alza en otro tipo de combinados pues es frecuente ver ya, por ejemplo, ginebras bajas en calorías. No es para menos: un gin-tonic tiene unas 180 kilocalorías por copa; algo menos, eso sí, que un ron o un whisky con Coca-cola.

Aquellos que sean más de cócteles deben saber que las diferencias, en calorías, son abismales según cuál escojamos. La mimosa es, con diferencia, el que menos engorda. Compuesto de champán y zumo de naranja, un vaso nos aportará unas 80 kilocalorías. En el extremo opuesto se encuentra la piña colada, que tiene ni más ni menos que 530 kilocalorías. Esto significa que engorda lo mismo que el mencionado Big Mac. Los datos, extraídos del servicio de información online de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, tienen en cuenta la cantidad que habitualmente se sirve de estas bebidas. Por eso para la piña colada estas calorías se corresponden con 200 ml. y para el licor café con 45 ml. ¿Por qué es tan calórico este cóctel? Pues se debe a que lleva azúcar por partida triple; el que se encuentra en el ron, en la crema de coco y en el zumo de piña.

Respecto a la cerveza y el vino, los grandes demandados en el día a día, existen diferencias, pero no tantas como uno se pudiese esperar. La cerveza no es que sea más calórica, es que normalmente se bebe más cantidad que de vino, y eso multiplica su valor energético. Un tercio de cerveza supone unas 150 kilocalorías, mientras que una copa de vino ronda las 125 kilocalorías.

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L. G. V.

Que el vino se encuentre entre los alimentos que forman parte de la dieta mediterránea, catalogada como la mejor del mundo, le ha salido a muchos a cuenta. Con este pretexto son demasiados los que vinculan el consumo de esta bebida con unos hábitos de vida saludables, obviando los evidentes estragos que provoca una ingesta frecuente de vino. Los motivos que hacen dudar de cuánto es de bueno o no lanzarse a beber vino tienen un nombre: polifenoles. Estos compuestos químicos, que son antioxidantes y antiinflamatorios, le han dado la llave maestra al sector del márketing para que puedan confundir a los consumidores a su antojo. Separemos el grano de la paja.

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