La leche sin lactosa no es para ti: «Ni es más sana ni te vas a encontrar mejor por tomarla»

SABE BIEN

E. Moldes

Un informe acaba de revelar que el 22 % de los gallegos ha retirado este disacárido de su dieta. Sacar la lactosa del día a día si no se sufre una intolerancia es «un sinsentido». Dos nutricionistas explican por qué

23 sep 2022 . Actualizado a las 12:21 h.

Los nutricionistas llevan varios años luchando contra un caballo de Troya: la industria alimentaria. Lejos de remar todos los sectores a favor del mismo objetivo, una mejora generalizada en la forma de comer de la población, cada uno va a lo suyo. Así las cosas, son muchas las compañías que aprovechan la fiebre por la vida sana para confundir al consumidor, y vaya si lo hacen. Cada vez más especialistas lamentan que los ciudadanos están cometiendo errores con la dieta por no consultar a ningún experto. El último y llamativo ejemplo lo pone el primer informe de Tendencia de exclusión alimentaria en la población española elaborado por la Fundación Mapfre. En sus conclusiones se revela que el 22 % de los gallegos sigue una dieta sin lactosa, la mayoría por voluntad propia.

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La aparición en escena de productos como la leche sin lactosa generan controversia. Entre otras cosas, por haber llegado a nuestras vidas al tiempo que lo hacían las bebidas vegetales y que se ponían en entredicho las bondades de este lácteo. La industria alimentaria ha creado una necesidad, como ha sucedido con el gluten, y los ciudadanos hacen de su capa un sayo poniendo sus mejores intenciones con las peores decisiones. Dos nutricionistas explican por qué renunciar a la lactosa, sin un problema diagnosticado, es un completo sinsentido.

Empecemos por desgranar qué es exactamente la lactosa. «Se trata de un azúcar que existe de forma natural en los lácteos. Es un disacárido, porque se compone de dos azúcares más pequeños: galactosa y glucosa. La cuestión es que nosotros producimos una enzima que se llama lactasa, que es la encargada de digerir la lactosa, o lo que es lo mismo, de romper la lactosa en galactosa y glucosa para que el intestino pueda absorberla», explica la especialista Ángeles Novo.

Una vez aclarado quién es esta nueva enemiga de la sociedad desarrollada, toca hablar sobre por qué se supone que es perjudicial. Continúa Novo: «Detrás de esto hay muchísimo márketing. Nos venden que si tomamos productos sin lactosa nos vamos a encontrar mejor. Y por eso la gente entiende que son productos más saludables. Pero no es así». De hecho, la leche sin lactosa lo que lleva son unas levaduras que producen la enzima lactasa para que simplemente el digestivo pueda asimilarla. A una persona intolerante le solucionaría la papeleta, pero a quien no lo es simplemente le realiza un trabajo que puede hacer su propio organismo. Además, le retira la posibilidad de aprovecharse del calcio de los lácteos y, por tanto, la vitamina D, porque es la lactosa quien ayuda a asimilar estos beneficios. «Por eso llevar una dieta sin lactosa no es perjudicial, pero tampoco te vas a encontrar mejor, y puede suponer una deficiencia de calcio», remata Novo.

Una persona con intolerancia a la lactosa debe estar diagnosticada por un médico, aunque si ese individuo sufre síntomas como «pesadez, hinchazón abdominal o una sensación como si les estuviesen retorciendo por dentro, que es como lo identifica mucha gente, en este caso yo no tomaría leche sin lactosa, sino leches vegetales: son mucho más saludables. Con que lleven solo avena y agua o almendra y agua, ya está», comenta la nutricionista Lidia González. Ambas especialistas están de acuerdo en que, en cuanto a la leche de vaca, la mejor es la entera por sus propiedades nutricionales. La que no lleva lactosa, por cierto, lleva las mismas cantidades de azúcar que sus homólogas; es más, quien la haya probado habrá percibido ese sabor más dulzón, que procede de la lactasa que se le añade artificialmente.

Dentro de los mitos en torno a la leche se encuentra el de que si retiras la lactosa de la dieta, a la larga, puede sentar mal un vaso de leche o un café. Solo que en este caso, es cierto. «Sí es verdad, y se debe a que nuestro intestino irá generando menos lactasa y, por decirlo de alguna manera, perderá la costumbre». Esto ocurre con la leche, el producto que más lactosa contiene, pero no con los yogures. «Tienen la mitad de lactosa por tratarse de un fermentado, así que normalmente no suelen sentar mal», indica González.

Todo este jaleo que rodea a la lactosa también se da, como ambas expertas indican, con los productos sin gluten. «La indicación 'sin gluten' con saludable. Y la mayoría de productos que nos encontramos con esta característica son ricos en azúcares, en almidones… de sanos no tienen nada», comenta Novo. Por no hablar de que económicamente no salen nada rentables, sobre todo a quien no necesita tomarlos. Esto sucede, igual, con la leche sin lactosa, que tiene precios mucho más elevados que su versión clásica.