El derecho a la estrella Michelín

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El cocinero asturiano Xune Andrade, a sus 35 años puede presumir de tener una estrella Michelín y otra estrella verde de la afamada guía
El cocinero asturiano Xune Andrade, a sus 35 años puede presumir de tener una estrella Michelín y otra estrella verde de la afamada guía

14 dic 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La entrega de las estrellas Michelin de este año ha traído lo de siempre, la resolución de algunos agravios y la consolidación de otros. Risas y morros. Aunque a algunos les cuesta mantener el tipo, la mayoría de los aspirantes no agraciados optan por el aire de superioridad y fingida indiferencia. Los pellizcos a Michelin suelen darse a lo zorro y por persona interpuesta, no te vayan a quitar lo que ya tienes o negarte la estrella de por vida. Los ofendidos se abrasan así en silencio en el fuego de la rabia tras otro año sin la primera, segunda o tercera estrella, convertido en incendio si encima se la dieron a un paisano, siempre mucho menos artista o sostenible que uno.

Algunos desean las estrellas con tal empeño porque a simple vista todo son ventajas. Aunque tiene sus reglas y servidumbres, de la noche a la mañana se ingresa en el club de referencia para una legión de aficionados a la gastronomía ávidos de probar el agua cuando la bendicen. La concesión de la primera y sucesivas estrellas supone casi siempre más reservas, más ingresos, más reconocimientos y más congresos donde alimentar la obsesión por la próxima o el pánico a perder la que ya se tiene.

Pero los restaurantes con estrella también cierran y languidecen frente a otros que triunfan sin ella, solo hace falta darse una vuelta por Ribadesella para comprobarlo. A lo mejor la clave del éxito no está en vestirse de lagarterana sostenible o saber tocar las teclas adecuadas para lograr la bendición de Michelin, sino en trabajar con dedicación y autenticidad sin obsesionarse. Si pienso en los diez restaurantes en los que más disfruto comiendo en Asturias, solo un par de ellos tienen estrella, y en alguno de los estrellados no volvería a entrar ni para ponerme a techo de la lluvia. También le dieron el Oscar al excesivo Sean Penn de Mystic River en vez de al Bill Murray de Lost in Translation y la tierra siguió girando aquella noche, todavía no sé cómo.

No existe el derecho a recibir estrellas Michelin. Si lo hubiese los juzgados estarían llenos de demandas reclamándolas y de momento, salvo el intento fallido de Marc Veyrat cuando le quitaron la tercera, no hay mucha casuística al respecto. ¿Quién soy yo, quién es nadie, para decirle a una empresa privada como Michelin a quién debe otorgarle un reconocimiento? ¡A quién le dé la gana! Las supuestas injusticias hablan de la propia marca, de su estilo, de sus errores y aciertos, de su concepto de la gastronomía y la restauración, tan discutible como valioso y legítimo. Mibu no tiene ninguna estrella Michelin ni maldita falta le ha hecho nunca.